Cáritas América Latina y Caribe | Historias - En la lucha mundial por los recursos, ¿está dispuesta la UE a tomarse en serio a América Latina y el Caribe?

En la lucha mundial por los recursos, ¿está dispuesta la UE a tomarse en serio a América Latina y el Caribe?

Por: Maria Nyman, Secretaria General de Cáritas Europa y Nicolas Meyer, Coordinador Regional del Secretariado de Cáritas América Latina y el Caribe

 

La lucha mundial por las materias primas críticas del Sur global se está intensificando entre las principales economías como China, Estados Unidos y Europa. En esta competencia desenfrenada, la Unión Europea (UE) pretende reforzar sus relaciones con América Latina y el Caribe (ALC) mediante una oferta nueva y atractiva. Por ello, se espera que la próxima cumbre UE-ALC de los días 17 y 18 de julio presente una “nueva era de cooperación” centrada en las energías renovables, las materias primas estratégicas (a favor de la UE) y la adaptación al cambio climático (a favor de ALC). Sin embargo, para que la asociación sea equilibrada, debe garantizar una financiación pública suficiente de la UE, abordar el consumo de materiales en la UE y apoyar las economías locales y la industrialización en ALC.

La apuesta de la UE: inversiones con principios

 

La agenda de la UE para sus renovadas relaciones con ALC se centra en gran medida en la transición energética. A través del Global Gateway, el plan de la UE para grandes inversiones en desarrollo de infraestructuras, el bloque espera invertir, junto con el sector privado, en cadenas de valor de materias primas críticas y en la producción de hidrógeno verde. 

 

Sin embargo, las inversiones privadas, la facilitación del comercio y los proyectos energéticos y de infraestructuras a gran escala conllevan riesgos, de los que las organizaciones de Cáritas en la región son testigos en su trabajo diario.  

 

“La contaminación de las fuentes de agua, la deforestación, el acaparamiento de tierras y la violación de los derechos de los pueblos indígenas ocurren con demasiada frecuencia en la agricultura y la minería”, explica Elizabeth Coca, Coordinadora de Ecoteología de Caritas Ecuador. En cuanto a la transición verde, añade “Los inversores en ‘energías limpias’ deben aplicar normas de responsabilidad corporativa; de lo contrario, simplemente perpetrarán la misma destrucción de biodiversidad y violaciones de los derechos laborales de siempre”. 

 

Pero la UE afirma estar haciendo una oferta atractiva a los países de ALC, especialmente en comparación con otros actores globales como China, a través de su compromiso con “los más altos estándares sociales y medioambientales”.

 

Sin embargo, aunque la UE está dando pasos muy concretos para responder a sus propios intereses -como la planificación para establecer un “Club de Materias Primas Críticas”, la firma de un acuerdo sobre Materias Primas Críticas con Argentina o el lanzamiento de un Fondo de Hidrógeno Renovable para Chile-, el respeto de los derechos humanos y la protección del medio ambiente sólo pasan a un segundo plano. La próxima Directiva de la UE sobre sostenibilidad empresarial y diligencia debida parece eximir a las instituciones financieras de muchas obligaciones. Esta exención es preocupante, teniendo en cuenta que el Global Gateway depende en gran medida de instituciones financieras como los bancos de desarrollo. Como resultado, estas instituciones podrían invertir en empresas implicadas en el abastecimiento de minerales conflictivos o apoyar a empresas agrícolas implicadas en el acaparamiento de tierras sin tener que hacer frente a una responsabilidad significativa por tales acciones.

 

Tres ingredientes para una oferta positiva de la UE para ALC

 

En primer lugar, la UE debe poner su dinero donde está su discurso. Lo que la UE parece ofrecer es una narrativa -sobre valores democráticos, empleos decentes y preservación de la naturaleza- que la convierte en el mal menor en el escenario geopolítico, pero que carece de respaldo financiero.

 

Junto con otros países de renta alta, los Estados miembros de la UE no han sido capaces de movilizar los 100.000 millones de dólares anuales de financiación climática acordados en 2009. La UE tampoco ha proporcionado suficiente condonación de deuda o financiación en forma de subvenciones, a pesar de que son esenciales para liberar recursos de los países de ALC para la acción climática y los sectores sociales. Además, la UE aún tiene que demostrar que se toma en serio las preocupaciones de los actores del Sur sobre la reforma de las instituciones financieras internacionales.

 

En segundo lugar, la transición energética de la UE no debe replicar el modelo destructivo del sector de los combustibles fósiles, incrementando la industria extractiva en ALC, principalmente en aras de satisfacer la demanda siempre creciente y asumida de Europa. Es hora de abordar el consumo en Europa y de cuestionar el modelo de desarrollo dominante; la oferta de la UE a ALC no será ni “verde” ni positiva si no aborda estas causas profundas.

 

En tercer lugar, ALC necesita inversiones en modelos que permitan su industrialización y progreso social. Si bien las economías orientadas a la exportación y las inversiones extranjeras pueden apoyar algunas inversiones sociales a corto o medio plazo, no son capaces de resolver los factores estructurales de la pobreza y la desigualdad. Una transición energética que pueda beneficiar a las comunidades locales requerirá modelos empresariales transformados. La UE puede tener un argumento de venta más atractivo apoyando sistemas energéticos descentralizados que permitan a las comunidades tener más control sobre cómo se produce y distribuye la energía.

 

Ya están funcionando diferentes modelos, como la economía social y solidaria, que reequilibra los objetivos económicos, sociales y medioambientales y es promovida por Cáritas en todo el mundo. América Latina es una de las regiones donde la economía social ha experimentado una mayor expansión, dando empleo a más de 13 millones de personas, desarrollando redes de apoyo mutuo enraizadas en la economía popular e informal (por ejemplo, la Red Latinoamericana de Comercio Comunitario – RELACC), creando sistemas de ahorro y crédito y suministrando energía a millones de personas. Estas formas económicas demuestran que las nuevas soluciones están ahí fuera, esperando la oportunidad de ser políticamente viables.

 

La próxima cumbre de Bruselas puede representar esa oportunidad política, para elevar el listón a normas sociales y medioambientales más estrictas y apoyar las aspiraciones de los países y los pueblos de ALC.

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