Terremoto en Colombia: Cáritas pasa de la respuesta de emergencia a la recuperación
Un mes después del terremoto que golpeó el occidente de Colombia, el 10 de agosto de 2026, causando más de 300 muertes y afectando a más de 200.000 personas en cinco regiones, la emergencia inmediata está dando paso a una recuperación más larga y compleja.
En comunidades del Valle del Cauca, Chocó y Risaralda, las familias siguen haciendo frente a viviendas dañadas o destruidas, pertenencias perdidas y medios de vida interrumpidos. Algunas continúan durmiendo al aire libre, mientras escuelas, centros de salud, viviendas y lugares de culto necesitan ser reparados o reconstruidos.
Junto con la Conferencia Episcopal de Colombia y las oficinas diocesanas de Cáritas, la Iglesia ha coordinado una amplia respuesta humanitaria a través de la campaña «Hasta el último rincón».
Se han distribuido alimentos, medicamentos, tiendas de campaña, colchones y utensilios de cocina a las familias que perdieron sus hogares. Una línea de apoyo psicosocial, gestionada por la Pastoral de la Salud, también pone a disposición de las personas que afrontan situaciones de trauma y pérdida a profesionales capacitados.
«Después de un terremoto, las personas no solo pierden paredes, techos o pertenencias. Pierden espacios que guardaban historias, recuerdos y momentos que formaron parte de toda una vida. Una casa puede quedar en ruinas, pero lo que allí se vivió permanece en la memoria. Hoy acompañamos a las familias afectadas y trabajamos para mantener viva esa esperanza». — Cáritas Colombiana
La respuesta se apoya en la amplia presencia de la Iglesia católica en todo el país. Cáritas Colombiana se ha reunido con responsables pastorales de las 14 diócesis más afectadas y está coordinando con las 78 jurisdicciones eclesiásticas de todo el país, además de la red colombiana de bancos de alimentos, las autoridades locales y regionales y organizaciones hermanas de Cáritas Latinoamérica y el Caribe, Caritas Europa y las organizaciones de Estados Unidos.
La organización está desarrollando ahora una respuesta por fases que pasará de la asistencia inmediata a la recuperación temprana. Las prioridades incluyen seguridad alimentaria, agua y saneamiento, alojamiento y vivienda, medios de vida, protección y apoyo psicosocial, con intervenciones adaptadas a las necesidades de cada territorio.
Se está prestando especial atención a las comunidades rurales y étnicas y a las zonas donde la pobreza, el aislamiento y otras vulnerabilidades preexistentes pueden dificultar la recuperación. El acceso y las condiciones de seguridad también varían considerablemente entre los territorios afectados, especialmente en las zonas impactadas por el conflicto armado. Cáritas Colombiana está incorporando estos riesgos en su planificación, garantizando al mismo tiempo que su respuesta se mantenga guiada por los principios humanitarios de neutralidad, imparcialidad e independencia.
Los niños, niñas y adolescentes constituyen otra preocupación fundamental. El desplazamiento y la separación familiar pueden aumentar su vulnerabilidad, frente a la explotación y la trata de personas, por lo que la protección y la salvaguarda son componentes esenciales de la respuesta.
El apoyo de la Iglesia también ha ido más allá de la asistencia material. La Arquidiócesis de Bogotá envió a 80 sacerdotes a algunas de las comunidades más afectadas, entre ellas Pereira, Cali, Palmira, Cartago, Buga y Buenaventura, ofreciendo lo que se describió como «primeros auxilios espirituales» mediante la escucha, la oración y el sacramento de la reconciliación.
A medida que disminuye la fase de emergencia, Cáritas Colombiana está afinando su llamada de emergencia e incorporando la información recopilada mediante las evaluaciones realizadas sobre el terreno, con el fin de determinar las prioridades, la focalización geográfica y los recursos necesarios.
El camino hacia la recuperación será largo. Reconstruir viviendas e infraestructuras es solo una parte del desafío. Las familias también deben recuperar sus medios de vida, restablecer su sensación de seguridad y comenzar a reconstruir sus vidas, alteradas por el terremoto.
Para Cáritas Colombiana, la prioridad ahora es garantizar que la solidaridad mostrada durante la emergencia continúe durante los próximos meses y años, llegando a las comunidades que podrían recibir menos atención, a medida que la crisis inmediata deje de ocupar los titulares.
Por Susan Dabbous, Cáritas Internationalis