La localización en el contexto del COVID-19 – Experiencia de las Caritas nacionales con la financiación humanitaria, las colaboraciones y los esfuerzos de coordinación durante la pandemia del COVID-19

Desarrollo Humano Integral y solidario, Emergencia y Cuidado de la Creación
16 julio, 2021

Este documento resume las conclusiones de una encuesta y entrevistas con más de 60 organizaciones nacionales de
Caritas sobre su experiencia con los enfoques de localización de las agencias de la ONU, los donantes y las ONGI durante la crisis del COVID-19. La sección principal de este documento está estructurada en torno a las conclusiones sobre las siguientes cuestiones: financiación, asociaciones-colaboraciones y coordinación. Se concluye con recomendaciones para los donantes, las agencias de la ONU y los miembros de la Confederación Caritas.

Las organizaciones confesionales nacionales y locales, incluyendo a las organizaciones nacionales de Caritas, han
desempeñado un rol importante en primera línea de la respuesta, durante la pandemia del COVID-19. Los donantes, las agencias de la ONU y las ONGI lo reconocieron a nivel de políticas y se generaron orientaciones sobre la participación de los líderes religiosos, en aspectos críticos de la respuesta, como la comunicación de riesgos y la participación de la comunidad. Sin embargo, la respuesta internacional tuvo dificultades para acordar un reconocimiento de su papel en una colaboración significativa o a escala sobre el terreno. En junio de 2020, aproximadamente sólo el 1% de los fondos del COVID-19, canalizados a través del sistema de la ONU, llegaba a las ONG nacionales y locales, y una mínima parte de ellos a las organizaciones confesionales locales.

Algunas organizaciones confesionales nacionales, que mantenían colaboraciones a largo plazo con organismos de la
ONU y donantes institucionales, describieron experiencias positivas en cuanto a la negociación de la flexibilidad para
orientar los programas hacia la respuesta al COVID-19. Sin embargo, esto no fue algo constante y esa flexibilidad a veces se produjo a costa de recortar fondos para prioridades humanitarias y de desarrollo subyacentes, a más largo plazo. Asimismo, se apreciaron los esfuerzos por canalizar fondos a las ONG nacionales, a través de los fondos mancomunados de la ONU basados en países (CBPF, por su sigla en inglés) y el Fondo Central de Respuesta a Emergencias de la ONU (CERF, por su sigla en inglés). Sin embargo, sólo un pequeño número de Caritas nacionales y organizaciones confesionales se beneficiaron de los fondos mancomunados en el país (CBPF, por sus siglas en inglés), y ninguna de esas organizaciones se benefició de las subvenciones del CERF para las ONG. Con la financiación del CERF, a través de las agencias de la ONU o de ONGI, se suele encuadrar al asociado local como un subcontratista y, por tanto, no tiene un rol de liderazgo local de la acción humanitaria. Los CBPF de la ONU tienden a dar prioridad a las agencias internacionales, ya que el proceso está vinculado a la organización de los grupos temáticos, en los que dominan las ONGI, a menos que se tomen medidas deliberadas para dar prioridad a los agentes locales.

En lo que respecta a permitir una respuesta oportuna y eficaz, la mejor experiencia con la financiación y las asociaciones de calidad fue a través de mecanismos de financiación nacionales, que implican el liderazgo o el co-liderazgo de las ONG nacionales, incluyendo la Start Network y el Fondo LIFT, en Myanmar. Sin embargo, los donantes institucionales no han dotado de recursos suficientes a estos mecanismos. En el último año, las Caritas nacionales han empezado a ver cómo algunos asociados internacionales, que reciben financiación flexible y plurianual, les transmiten los beneficios de la misma (por ejemplo, Caritas Dinamarca como intermediaria de la financiación danesa), pero esto todavía no es la norma.

Un número significativo de ONG nacionales, miembros de la confederación Caritas, criticó el enfoque de-arriba-hacia-abajo y burocrático de las agencias internacionales, a la hora de relacionarse con ONG nacionales. Las agencias humanitarias dominantes prefieren a copartes nacionales que sean semejantes a su propia forma institucional y su manera de trabajar, y su enfoque de colaboración erosiona el carácter y el arraigo de los grupos de la sociedad civil, en las comunidades locales. El enfoque de la gestión de riesgos parece a menudo más impulsado por la preocupación de los donantes y las agencias internacionales respecto a su propia reputación, que por la comprensión de los riesgos a los que se enfrentan las ONG locales y el apoyo a la gestión de los mismos; el apoyo a las victimas de una mala gestión; o el fortalecimiento de la calidad de la asistencia en las comunidades afectadas por una crisis.




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