Informe del Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas 2021

SELACC Vida institucional
12 mayo, 2022

La Iglesia, en cuanto a sus estructuras de servicio y a su dinámica misionera, en los últimos años ha entrado en un proceso de revisión y reforma, lo que ha permitido que se vaya dando una dinámica que abre campo a la esperanza, venciendo el letargo y el inmovilismo en el cual se encontraba, y planteándose grandes desafíos y retos pastorales que implican un cambio de actitud en los creyentes y un proceso de renovación y reforma en las estructuras eclesiales, que abarcan a todas sus instituciones e instancias.

Esta renovación y reforma está centrada y animada desde la opción misionera, “capaz de transformarlo todo” (EG, 27), pero es indispensable “poner los medios necesarios” y no dejar las cosas como están (EG, 25); para ello se necesita entrar en un proceso permanente de conversión personal, pastoral, ecológica y sinodal.

La experiencia pastoral y sinodal que hemos tenido en América Latina y El Caribe a finales del año 2021 con la realización de la primera Asamblea Eclesial, es un indicativo del rumbo que en nuestra región hemos tomado ante la necesidad de buscar una nueva normalidad que implica la lectura y el escrutar los signos de los tiempos en momentos de mucho sufrimiento debido a las situaciones de injusticias e inequidad, así como el agravamiento de los problemas a causa de la pandemia del Covid-19. La novedad está inmersa en la realidad de nuestros pueblos que abarca lo social, económico, cultural, ecológico, político y religioso; realidad que nos implica diseñar y ejecutar propuestas para enfrentar el sufrimiento y la inequidad.

La dinámica de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe ha sido la de integrar de forma comunional a todos los miembros del Pueblo de Dios en un ejercicio de caminar juntos, de integración en el respeto de la diversidad, pero en la urgencia de hacer un camino común que tenga como objetivo sentirse realmente Pueblo en el dinamismo que da el Sensus Fidei, donde todos somos participes y responsables en el obrar de la Iglesia. El resultado de este caminar juntos no sólo han sido los 41 desafíos salidos de las deliberaciones de los grupos, sino principalmente el ejercicio sinodal planteado en la forma de ser y hacer de la Iglesia en nuestra región. Un caminar juntos que indica que nadie se puede quedar solo en el camino y mucho menos que algún sector se pueda erigir como el protagonista o líder solitario de una propuesta que es de todos y todas: la opción misionera que sueña con “una Iglesia pobre para los pobres”, o en palabras del Papa Francisco, “como me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”.

Un ámbito que debemos seguir profundizando para que se dé verdaderamente una reforma es el saber que éstas vienen desde abajo, desde las periferias; mirar los acontecimientos desde la perspectiva de los excluidos, de los necesitados, de los que se creen que no producen, desde los maltratados por regímenes y economías excluyentes. Estas periferias pueden ser existenciales y geográficas, lo importante es reconocerlas y comprender la fuerza que dimana de ellas, de su humildad y sencillez.

Las Caritas de América Latina y El Caribe han participado activamente en todas las acciones emprendidas desde la Iglesia sinodal en salida, fortaleciendo la dinámica del Desarrollo Humano Integral y Ecología integral en los procesos de restructuración y reforma del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), en el potenciar la Red Panamazónica (REPAM), en la red de Coordinación Latinoamericana de migración, refugio y trata (CLAMOR), Programa de la Centralidad de la Niñez, en la REMAN, y muchas otras instituciones que sirven a los más pobres. Las Caritas de la Región intervinieron en la conformación de los desafíos de nuestra Primera Asamblea Eclesial, y hoy en día intervienen en la preparación del Sínodo de la Sinodalidad en la fase diocesana, puesto que hay mucho que compartir, principalmente la forma sinodal de trabajo de nuestras Caritas donde no hay distinción de personas y existe una inmensa amplitud de apertura a todos los miembros del Pueblo de Dios para caminar juntos en el servicio a los más pobres y excluidos.

El informe que presentamos recoge toda una historia del servicio realizado por personas, miembros de las Cáritas Nacionales, que integran los diferentes grupos y equipos de trabajo en las distintas áreas, lo que implica una vivencia al servicio de la Caridad que corre por todos nuestros países y donde la vivencia y el testimonio de la Caridad es fundamental; por eso expreso un vivo agradecimiento a todas las personas, profesionales, voluntarios, y a las mismas Cáritas Nacionales, que sirven con amor a los necesitados sin miramientos, sino solo desde la óptica del amor preferencial por los pobres y excluidos, opción que hace formalmente nuestra Iglesia de la región, reconociendo en los más pobres un dinamismo transformador de la realidad desde diversos valores como la solidaridad, fraternidad y el compartir. Nuestra apuesta es servir transformándonos para transformar, asumir el reto propuesto en la novedad del Evangelio desde la primacía de Dios y del pequeño, del indefenso.

Desde las Cáritas de nuestra región nos adherimos en profundidad a los sueños que el Papa Francisco nos propone, principalmente al sueño misionero que es capaz de transformarlo todo, de tal forma que las “costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG, 27), esto implica una conversión pastoral a profundidad que solo se puede hacer si caminamos juntos, a la escucha de los otros, de la historia, de la realidad por dura que pueda ser, pero principalmente a la escucha de los más vulnerables que son la mayoría de nuestras comunidades.

Caritas América Latina y El Caribe seguirá apostando por hacer de este mundo un hogar para todos, una casa común a la que cuidaremos con esmero desde una ecología integral donde nos sintamos todos inmersos para generar fraternidad y amistad social que venza la inequidad y las injusticias. Nuestros equipos y grupos de trabajo conjuntamente con un ingente número de voluntarios, de jóvenes, de mujeres que día a día manifiestan su fe sirviendo en sus comunidades y desarrollando procesos sinodales para construir el Reino de Dios que nos trajo Jesús de Nazareth. Nos abrimos, pues, a la esperanza acompañados por el Espíritu del Resucitado quien nos da la parresia necesaria para ser testigos y hermanos.

Ponemos en las manos de nuestra Madre común, Nuestra Señora de Guadalupe, nuestros anhelos, luchas, fatigas y trabajo, así como la esperanza en una Región más humana y llena de virtudes que anime el caminar juntos al encuentro del Señor. Con mi afecto.

+José Luis Azuaje Ayala
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de Caritas América Latina y El Caribe


Archivo

Descarga archivo asociado


Entradas Recientes