XVIII Congreso Latinoamericano de Cáritas


18 octubre, 2014

Cáritas contra el hambre y en pro de la transparencia

Las Cáritas de América Latina y el Caribe (Cáritas LAC) tienen el reto de ayudar a erradicar el hambre del mundo, denunciar la indiferencia mundial que hay contra los problemas de la pobreza y transparentar sus operaciones para que quien quiera relacionarse con estas organizaciones siempre encuentre instituciones serias y responsables.

Así lo establece el Pbro. Francisco Hernández Rojas, coordinador de Cáritas LAC, de cara al XVIII Congreso Latinoamericano de Cáritas que se realiza del 20 al 24 de octubre, en Medellín, Colombia, donde estas organizaciones de Iglesia echarán un ojo a lo hecho en los últimos años, pero también a lo que buscan conseguir, al menos en los próximos cuatro años.

El padre Francisco recuerda que el tema central del Congreso será la lucha contra el hambre, sin embargo también destaca el proceso de actualización que deben enfrentar las Cáritas para estar acordes a los más alto estándares éticos y de administración que se les exige hoy en día a los organismos de la sociedad civil, de la que forman parte.

“Toda organización de la sociedad civil requiere de códigos de conducta, éticos, de estándares de funcionamiento que garanticen que esa organización realmente está funcionando conforme a derecho, éticamente bien, de manera adecuada”, advierte

“El próximo periodo 2015-2019 vamos a trabajar muy fuerte en esto, para garantizar, primero, porque el  Santo Padre así quiere, una Iglesia muy transparente que no dé ningún espacio al cuestionamiento del manejo de sus fondos que le encomiendan para servir a otros”.

El reto involucra los compromisos con los Estados, dejar claro, como así lo exigen las disposiciones fiscales, de dónde vienen los recursos y en qué se gastan.

Cáritas tiene que contribuir a hacer eficiente el diálogo entre el Estado, la sociedad civil y el mercado, para que la realidad sea más humana y se alcance el desarrollo, señala.

Al XVIII Congreso Latinoamericano asisten los representantes de las Cáritas nacionales de toda la región, así como invitados de muchas partes del mundo. Previo a la reunión, el padre Francisco, ofreció la siguiente entrevista.

Padre Chico ¿Para qué sirve el Congreso Latinoamericano y de el Caribe de Cáritas, cuál es su objetivo?

Cáritas Latinoamericana se crea, en 1955, con una realidad regional de inequidad, desigualdad, con situaciones cada vez menos humanas y muchas ya casi institucionalizadas. Con el agravante de que para muchos de nosotros pareciera que la pobreza es parte del paisaje, pasamos junto a ella, pero ya no nos inmuta. Para muchos de nosotros la pobreza se ha venido convirtiendo en parte del paisaje, ya no nos golpea ni nos invita a reflexionar.

Ese es el punto que reúne a las Cáritas latinoamericanas cada cuatro años. Piensan que es conveniente encontrarse de frente a esa realidad regional, revisar lo que estamos haciendo, y ver si lo que estamos haciendo está impactando. Si no, para hacer las transformaciones necesarias, para lograr que muchas personas que viven en situaciones menos humanas, lleguen a situaciones más humanas. 

Reunirnos cada cuatro años permite la distancia en el tiempo para hacer un análisis en la realidad y al mismo tiempo que nuestro actuar responda a los desafíos que están sufriendo las personas. 

Hoy, para el XVIII Congreso Latinoamericano nos hemos dado cuenta, por el llamamiento del Papa Francisco, y Cáritas Internacionalis, que somos un planeta capaz de producir alimentos para todos, pero increíblemente tenemos grandes proporciones de la población con hambre en el mundo cuando muchos alimentos se botan porque las empresas prefieren tirarlos que donarlos porque eso les permite pagar menos impuestos. 

La realidad es que el mundo es una gran mesa de comensales donde no estamos todos, y que muchos de los que están tienen muchísimo menos en el plato de lo que tienen otros. 

¿Qué provoca esta desigualdad en la distribución de los alimentos?

La seguridad alimentaria se ve afectada por cambios climáticos, por desequilibrios ambientales, producidos por la carrera tecnológica de las grandes empresas que para obtener sus ganancia no escatiman en desequilibrar el ambiente. Si necesitamos metales, “vamos sacándolo”. Para obtener un gramo de un metal tienes que desbaratar una tonelada métrica del material, eso lleva a que los climas cambien, las cadenas alimenticias se rompan, en fin.

Pero el más duro de los factores que intervienen en la alimentación, el más dramático, es su distribución, que se realiza en torno a criterios económicos de oferta y demanda, y no a factores de cooperación solidaria. No es la solidaridad la que regula la distribución y los accesos a los alimentos, es la oferta y la demanda, la economía del mercado. Eso hace que en la gran mesa comensal del mundo no estén entrando todos y por eso en este Congreso vamos a establecer una reflexión sobre este tema de la pobreza y el hambre en el mundo. Ese será el tema central.

El ser humano está cambiando mucho con la influencia de la tecnología, pero los problemas siguen siendo los mismos…

Exacto. Es la realidad, son los mismos problemas siempre, y los sufren los mismos de siempre. Con el agravante quizá que, en los ochenta, implementamos un modelo económico que hizo que unos que estaban en la mesa empezaran a tener que salirse. Sectores de clase media, que frente a una política neoclásica, neoliberal le llaman otros, sufrieron un impacto muy fuerte. Pero los que habían sufrido siempre, siempre han seguido sufriendo. Mismas realidades con los mismos destinatarios.

¿Y no estamos haciendo las cosas de la misma manera sin resolver nada? ¿A qué nos impele esta realidad con sus problemas?

Es muy interesante, es parte de la invitación a la conversión pastoral que nos hace el Papa Francisco, y a la que ya los obispos latinoamericanos nos invitaban.

Nuestras prácticas de vida hacen que sigamos fortaleciendo este modelo de consumo, de inequidad y desigualdad. ¿Nuestras formas e instrumentos para realizar nuestros procesos evangelizadores realmente están impactando esta realidad?

¿Si o no?, si no, tenemos que hacer una conversión pastoral, una metanoia.

El Papa Francisco en Evagenlii Gaudium tiene dos esquemas, lo que va contra el proyecto de Dios y, otro muy bonito, lo que son los frutos del Reino. Cuando hay que ponerse de frente en una conversión, uno dice, como persona: ‘estoy fallando en esto, falta esto’; como Iglesia: ‘tenemos que hacer esto, nos falta esto, no hemos logrado esto, seguimos con el famoso mal, hay que hacerlo’.

Pero también hay que acudir a los procesos de conversión mirando que sí hay frutos del Reino. El Papa dice ‘a veces planificamos –que está bien,– y no alcanzamos los objetivos, entonces decimos que el Reino no está apareciendo porque no alcanzamos los objetivos. Seamos menos vanidosos: Dios no depende de nosotros. Tal vez nosotros no alcanzamos los objetivos, pero Dios ha construido. La historia no está ausente, Él está bien, va haciendo sus tejidos’. Hay gente linda que va siendo expresión, aún siendo no creyente, del Dios del Amor Incondicional, que es el amor de Jesucristo. Creo que frente al hecho que no hemos logrado transformar las cosas, sí hay una acción de Dios en el mundo que va transformando.

El desafío de la Iglesia es captar esos signos del paso de Dios, no sólo al interior de la Iglesia. Podemos caer en la vanidad de que sólo Dios actúa en la Iglesia, que actúa en su comunidad de discípulos, pero también nos puede pasar lo que a ellos: ‘¡Señor!, hey, fuimos por ahí y los encontramos hablando en tu nombre y los reprimimos y les dijimos que no porque tú no los mandaste’. Y ¿qué dice Jesús?: ‘no, déjenlos hacer, trabajar’. Hay mucha gente en el mundo haciendo obras, acciones, sencillas o grandes que están generando procesos de humanización muy importantes. Entonces la conversión pastoral también va a tener que encontrar esos elementos, signos, esos frutos del Reino, en las comunidades, y potenciarlo. A veces nos encontramos un buen fruto del Reino y qué hacemos, ‘vámosle volando sierra’, y es una pena.

Para mi todo proceso de humanización es un fruto del Reino, es un fruto de Dios. Por eso me gusta esa expresión tan linda de Juan XXIII, que Juan Pablo II la hizo suya: “todo aquel ser humano que me hable en favor del hombre, entendido como hombre y mujeres, es mi hermano y es bien venido en mi casa”.

La conversión pastoral es mirar lo que tenemos que transformar, pero también mirar lo que es signo de Dios en el mundo para potenciarlo.

En concreto ¿por dónde quieren caminar las Cáritas latinoamericanas, en qué están cambiando su forma de actuar?

Sí creo que hay una diversidad de experiencias de las Cáritas de América Latina y del mundo. Hay una trilogía en la Doctrina Social de la Iglesia que es fundamental para construir sociedad: Estado, mercado y sociedad civil. Es cierto que muchos sectores cuando escuchamos la palabra mercado la leemos desde la visión capitalista, pero el mercado es un instrumento económico. Yo lo puedo instrumentar desde una visión liberal o neoliberal, capitalista o capitalista salvaje; también lo puedo hacer desde una visión tremendamente estatista, como han hecho muchos países, y que también fracasó; y lo puedo hacer realmente mirándolo con una perspectiva de una economía que sea científicamente posible y éticamente deseable, que nos lleve a condiciones más humanas. El mercado es un instrumento. Será lo que los seres humanos queramos de él. Ahí, en la medida que encontremos experiencias que puedan establecer relaciones entre esas tres dimensiones creo que tenemos chance para ir mirando signos de esperanza en el mundo.

Si el mercado renuncia a ser el único centro de poder y decisión del mundo, y empieza a ver que puede dialogar con la sociedad civil y darle una papel protagónico al Estado; y si el Estado no se piensa como el único capaz de generar política pública y tomar decisiones, y considera al mercado y a la sociedad civil en diálogo, creo que tenemos un gran chance. Pero también (la Iglesia y las pastorales sociales Cáritas nos vemos como sociedad civil), desde la sociedad civil generamos redes con otras instancias de la sociedad civil, y generamos experiencias de economía solidaria donde el factor fundamental es la cooperación y la comunión, por poner dos palabras. Esta sociedad civil  se ha dado cuenta que muchos de los elementos para hacer transformación social requieren también de ser generadores de política pública, pero ¿cómo construir política pública sin el Estado? En la medida en que haya ciertos equilibrios en la acción, decisión y pensamiento de las tres instancias e interacción entre ellas, pienso que podemos tener opciones.

Si el mercado está abierto a una serie de interacciones con la sociedad civil, esas sociedad le llevará una visión más humana. Y si el Estado entiende que no está al servicio de una clase económicamente poderosa, sino de todos sus ciudadanos, entonces puede mirar en relación con el mercado un valor fundamental para tener no sólo una adecuada producción y crecimiento económico, sino también una distribución de la riqueza. 

¿Eso cómo lo aplicamos en las distintas Cáritas?

Lo que estamos haciendo es establecer distintas alianzas con el empresariado, sobre todo con aquel que se va dando cuenta que no se trataba sólo generar riqueza por sí misma y observa que sus obreros son fundamentales. En la medida en que sus colaboradores están bien, la empresa está bien: cuando se descubren como familia humana y no sólo como un factor productor y generador de riqueza. Creo que ahí encontramos un sector empresarial muy abierto a seguir generando riqueza y a seguir produciendo, pero con una consideración muy distinta de los factores de la producción y del ser humano: como el socio fundamental de su empresa. 

Me parece que todos los programas de responsabilidad social del empresariado son una puerta interesante para crear mesas de diálogo de la sociedad civil con este factor del mercado que llamamos empresa privada. Ahí hay un buen ensayo, no sólo de factores de producción, sino para generar paz social, para construir y generar procesos de reconciliación en Estados. Es importante tener un país reconciliado, con mejores oportunidades, y de más confianza, y sí hay mercado jajaja… (su risa, es de festejo).

Hay ejemplos interesantes, se ha hecho en Chile, Filipinas, y Brasil, ahora en Colombia; se está haciendo un esfuerzo en Venezuela para colaborar con la Iglesia en crear procesos de reconciliación y diálogo social. Costa Rica, donde se han construido mesas de diálogo social, unas muy fructíferas, otras no tanto.

Me parece que hay muchos Estados hoy en día que se han dado cuenta que en el diseño de la política publica y en su aplicación, el ciudadano es un factor fundamental.

La responsabilidad social es una oportunidad para Caritas, pero también es un reto, pues los mercados exigen ciertas condiciones, reglas. ¿Están las Cáritas preparadas para enfrentarlo?

Están, porque la responsabilidad social de las relaciones Cáritas-empresariado es de dos vías, es cierto que el empresariado tiene una exigencias que normalmente van en la dirección del rigor científico. 

Pero muchas veces no son inocentes….

Ahí es donde digo que son de dos vías, porque las Cáritas también deben tener sus exigencias. Yo voy a entrar en un programa de responsabilidad social de la empresa, pero no sólo porque se llama responsabilidad social, sino ¿realmente va originar mayor equidad social o me encuentro con un programa de responsabilidad social del empresariado que le ayuda a liberarse de ciertos impuestos? Le da un poco más de prestigio frente a la opinión pública, pero realmente no es un factor de transformación social. Entonces la Cáritas también, si va a trabajar con ese empresario, debería decir ‘bueno, el programa de pintar escuelas está muy bonito, y qué agradable, pero ¿no crees que podemos ver un factor más importante, como que esos niños estén mejor alimentados, tengan una posibilidad y oportunidad de salud, que tengan una mayor variedad de maestros?’. A veces nos encontramos escuelas bien pintaditas, pero con un maestro para 200 o 300 estudiantes. Además de pintarle el aula, podríamos ver si la empresa puede asumir el costo de otros maestros. 

Lo que quiero decir, sin entrar en juicios valorativos de los programas de responsabilidad social, es que también las Cáritas pueden ayudar a las empresas a dimensionar factores éticos humanistas que no siempre están bien contemplados en los factores de generación de riqueza y de su distribución.

Es cierto que las empresas tienen unas exigencias ¡y qué dicha que las tienen!: de transparencia, de buen manejo de los fondos, de una buena administración y de una buena aplicación de los recursos. Si se va a pintar la escuela, que se pinte bien, que no la pinte cualquier chambón, pero al mismo tiempo la Cáritas le puede decir ‘ahora cómo le hacemos para que estos chicos, en esta escuela tan bien pintadita, también tengan una faz, un rostro bien humano, agradable, bien pintadito’. Entonces es ahí con la Cáritas, en el diálogo sociedad civil-mercado, donde salen factores que el mercado no está considerando. 

No se trata de decir que el mercado es malo, porque siempre sale malo, no; porque sencillamente en las formas de pensamiento que yo tengo no había pensado en eso. 

Hay empresas trasnacionales que para algunos tienen muy mala imagen, pero yo he tenido experiencias muy generosas. En Costa Rica, por ejemplo, hay experiencias muy bonitas del diálogo Iglesia-Cáritas y empresariado. Se han dejado transformar en relación con sus prácticas. Tienen programas de responsabilidad social que van directamente sobre las comunidades, pero tienen ya un manejo muy particular de sus colaboradores.

¿Y con el Estado?, las reglas fiscales se están poniendo más difíciles.

Hay factores de los dos lados, obviamente con la delincuencia internacional el Estado debe tener un mayor control de los flujos de capital. Como se quiere controlar los flujos migratorios, y se quiere tener un control de los flujos de capital, para que nuestros Estados no sean paraísos fiscales o de corrupción e impunidad, los Estados necesitan regular algunas de las relaciones que se establecen en los contratos sociales, y hay que defenderlo.

Es importante que si una Cáritas recibe fondos de otra Cáritas, que quede claro de dónde vienen. Si vienen de Cáritas Alemania, que quede claro que vienen de los creyentes alemanes o de un programa por el Estado (alemán). Si está bien esa línea, todos funcionamos claro. 

Por otro lado, también revísense de frente a organizaciones de la sociedad civil que realmente operan correctamente. No todas somos inmaculadas y santas, no. Habrá que ver, algunas lo serán, otras, no, por razones de los que están ahí o por desconocimiento, tecnología, instrumentos científicos, etc. 

Es importante tener claro que un organismo de sociedad civil debe tener pleno respecto al Estado, pero que el Estado también no los sobrecargue con tasas fiscales que al final van a impedir que esa organización haga llegar, por la ruta de la sociedad civil, una serie de recursos que puedan ayudar a mejorar las oportunidades de vida de los que menos tienen. Si el Estado es claro, se dará cuenta que los dineros que aplican estas organizaciones, religiosas o no, es un factor de desarrollo para el Estado mismo, pero debe haber claridad y transparencia en la aplicación de los fondos. 

También, toda organización de la sociedad civil requiere de códigos de conducta, éticos, de estándares de funcionamiento que garanticen que esa organización realmente está funcionando conforme a derecho, éticamente bien, de manera adecuada. Todos tenemos responsabilidad. Lo que sería muy ingrato es que un Estado castigue fiscalmente a la sociedad civil con unas cargas tremendas, y que al final no se hagan los programas porque se nos va todo en impuestos, y no está garantizado que los impuestos van a ir sobre los ciudadanos. Muchas de nuestras cargas fiscales se quedan en salarios, en el mejor de los casos, y, en el peor, se pierden en corrupción e impunidad.

Qué mejor que una buena sociedad civil, bien regulada, bien transparente, con buenos estándares de compromiso y funcionamiento, con códigos éticos, códigos de conducta, trabajen; déjalas porque es una forma de generar desarrollo. No todo el desarrollo tiene que venir del Estado, ni todo tiene que venir del mercado, como tampoco todo el desarrollo tiene que venir de la sociedad civil, pero los tres son factores importantes.

Con las nuevas reglas de mercado de la responsabilidad social como que hay un auge en la creación de instituciones de asistencia. A las Cáritas y otros organismos se les está  generando mucha competencia por ofrecer esa asistencia y captar recursos y no tenemos la certeza de que toda esa ayuda sea la adecuada.

Lo que te puedo decir es que las Cáritas no queremos echar un juicio sobre otras formas que existen en la sociedad civil. Sí, en lo que estamos haciendo nosotros. 

Hemos estado creando estándares de funcionamiento que van a ser exigencia para todas las Cáritas, por país y diócesis, conllevan desde elementos administrativos y financieros, hasta elementos de manejo de personal. Son estándares que garantizan una funcionalidad ética, lo mejor posible. Al mismo tiempo hemos generado códigos de conducta y códigos éticos y protocolos de funcionamiento. Con todos estos instrumentos lo que queremos es tratar de garantizar que si alguien quiere relacionarse con una Cáritas en un país, esté frente a una organización seria. Una organización que está tratando de ser una institución rigurosamente científica en su trabajo, y técnica y rigurosamente ética en el manejo y aplicación de los fondos. 

Además, porque la Cáritas, desde el punto de vista teológico y espiritual, es la organización que quiere ser la caricia de la Iglesia para el mundo, fundamentalmente  para el mundo de los empobrecidos.

Si queremos caricia de Dios, tenemos que ser expresión ética adecuada de lo que queremos hacer. Por eso, el próximo periodo 2015-2019 vamos a trabajar muy fuerte en esto, para garantizar, primero, porque el  Santo Padre así quiere, una Iglesia muy transparente que no dé ningún espacio al cuestionamiento del manejo de sus fondos que le encomiendan para servir a otros. No es que antes no lo fuera, sino que quizás como se mantenía alguna cierta confidencialidad sobre el manejo de los fondos. La idea es que haya mucha transparencia, de que la gente sepa qué se recibió, cómo se aplicó, qué se gastó, etc. 

Además, que haya códigos que realmente sean aplicados en nuestras organizaciones de Iglesia. Porque somos una institución que pretende evangelizar las áreas social, política, económica y cultural.

Puede ser que al haber este auge empresarial, me parece un signo muy lindo, puede haber vivillos que hagan de esto un modus vivendi, pero no se ven los fondos aplicados adecuadamente y eso hace que muchas veces las mismas empresas, lejos de hacer alianzas estratégicas con la sociedad civil, terminan ellas teniendo sus propios departamentos de gestión de sus programas. Ojalá que no tomen sus decisiones con base a prejuicios, ni a orgullos, sino que realmente, tras un buen análisis, puedan decir ‘mira qué buen proyecto tiene la Cáritas en tal o cual comunidad, vamos con esto’, en lugar de gastar una gran parte de su fondo en crear su propio departamento de responsabilidad social. 




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