Comunicado de la Red CLAMOR con motivo del Día Internacional del Migrante 2021

Desarrollo Humano Integral y solidario
18 diciembre, 2021

El Día Internacional de las Personas Migrantes fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas y se conmemora anualmente el 18 de diciembre como oportunidad para reflexionar sobre la situación de las personas migrantes y proponer acciones para garantizar sus derechos.

El Papa Francisco afirmó recientemente que “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido” y pidió que nuestros corazones “no estén cerrados como las casas de Belén”.

La Red CLAMOR, adscrita al Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, articula el trabajo pastoral de las organizaciones de la Iglesia Católica en América Latina y el Caribe (CARITAS y CLAR) que acogen, protegen, promueven e integran a los migrantes, desplazados, refugiados y víctimas de trata, desde la Espiritualidad de Comunión, siendo testigos de una Iglesia misionera, sinodal, en salida y que camina con los empobrecidos y excluidos.

Desde el “signo de los tiempos de las migraciones” a nivel de América Latina y el Caribe recibimos la invitación de redescubrir una mirada misericordiosa que nos plantea cinco encrucijadas:

La identidad de todo cristiano asienta sus raíces primordialmente en el seguimiento de Jesús, en su vida de caminante.

Somos un Pueblo Peregrino que camina por las peligrosas rutas migratorias del continente en búsqueda del derecho a una vida mejor, el cual es negado por estructuras y políticas injustas que empobrecen y excluyen. Esta identidad se construye desde el diálogo.

La dignidad: el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. Esta filiación que nos abre a la fraternidad dota de una misma dignidad a todas las personas que nada ni nadie podrán borrar jamás. Por tanto, como cristianos nos reconocemos miembros de una misma comunidad universal en la que no tienen cabida el racismo, la xenofobia o la opresión de ninguna persona.

Dios se dona gratuitamente vaciándose de sí mismo y se encarna en el mundo, pasando por una condición de vulnerabilidad y de acompañamiento en un profundo acto de solidaridad divina.

En este sentido, la misericordia de Dios se pone en camino practicando la justicia. Jesús, en este proceso de donación, se convierte en un migrante: «¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos?… En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,38; 40). Por lo tanto, si Dios mismo se convierte en un migrante, eso implica que en el encuentro con los migrantes y refugiados conocemos más de cerca y en profundidad cómo es Dios.

La hospitalidad, que nos abre a uno de los elementos centrales de la misión de Jesús y cobra un acento especial a través del ministerio de la reconciliación y de la celebración. En un mundo que en ocasiones se presenta roto y resquebrajado, el cristiano es llamado a tender puentes saltando los límites de lo legal-ilegal, de lo puro-impuro y de la inclusión-exclusión.

Asimismo, la hospitalidad tiene un gran pilar en la celebración, en el convocar a la mesa, al banquete. Jesús invita a su mesa, a celebrar, a aquellos a los que la sociedad rechaza o criminaliza. Es en esta capacidad de hospitalidad, en ese sentarse a la mesa, donde Jesús anticipa el Reino de Dios. Esa forma de hacer hospitalidad lo llevó a la cruz.

La integralidad: Dios nos ha creado como una sola familia con el convencimiento de que todo está conectado. En cierto modo, la globalización nos deja atisbar lo que esto puede significar, pero necesita poner en el centro a las personas, a la creación, a Dios; y no a intereses económicos o políticos.

Las migraciones medioambientales plantean un serio interrogante a nuestro mundo que no puede enfrentarse de manera parcial o sesgada.

Necesitamos caminar hacia un desarrollo sostenible e integral, que devuelva la dignidad a las personas y al medio ambiente.

¿Quién es mi familia? ¿Cómo nos ha creado Dios? ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos? ¿Con quién comparte mesa Jesús? ¿Está todo conectado? Estas cinco preguntas siguen alentando, retando y cuestionando la manera de acercarnos a la realidad de las personas migrantes en nuestro tránsito como Red CLAMOR.

La Incidencia: Más allá de nuestra misión de ofrecer asistencia humanitaria a las personas en situación de movilidad forzada, como Iglesia exigimos a los Estados respetar los derechos de los migrantes y a promover políticas inclusivas que favorezcan su efectiva inserción social, laboral y cultural.

Denunciamos las prácticas xenofóbicas, la criminalización de los migrantes, la construcción de muros físicos e intangibles, las deportaciones masivas, la trata y tráfico de personas que impiden el acceso de quienes huyendo de la miseria, la violencia en sus países, persecución política o las consecuencias del cambio climático, tienen derecho al Desarrollo Humano Integral, según lo establecido en la normas y tratados internacionales .

La Iglesia Latinoamericana realizó recientemente en México su primera Asamblea Eclesial, en ella se ratificó como una de las líneas prioritarias el acompañamiento pastoral de las personas en situación de migración forzada, refugio, desplazamiento y trata de personas, como rostros concretos de los pobres por quienes hemos hecho una opción preferencial.

Nos hacemos una vez más eco del Papa Francisco en la Fratelli Tutti quien nos convoca a construir la fraternidad universal y la amistad social desde un “nosotros cada vez más grande”.

Por la Red CLAMOR

+ Mons. Gustavo Rodríguez
Arzobispo de Yucatán, México
Presidente de la Red CLAMOR


Archivo

Descarga archivo asociado


Entradas Recientes